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sábado, 24 de mayo de 2008
I (heart) Indy
5/24/2008 | Publicado por
Ginger
Gracias a que al salir del despacho anoche me dejé las llaves dentro, esta mañana no he podido entrar (y no, al otro lado de la puerta no había nadie, listillos).
Lo que ha comenzado como una jornada de trabajo más ha acabado siendo un día de lo más entretenido. ¡Me encanta improvisar! y bueno, ahora no sé qué escribir... porque en estos momentos se están escrutando los votos de Eurovisión, y he adquirido como 3 cosas la mar de frikis e interesantes (dignas de una entrada monográfica cada una de ellas)... pero claro, todo eso tendrá que esperar porque hoy ha sido el día al fin, el momento del ansiado regreso.
Igual que espera un perro junto a la puerta de entrada cuando sabe que es la hora del regreso de su dueño esperaba yo sentada en la butaca a que el grandioso desfile de fotogramas estallase en mis retinas.
Al principio, un poco reticente pero a los treinta segundos ya había optado por renunciar a mis prejuicios y ver sin más de la película. Sin esperar, sin comparar, con la mente en blanco, recién exprimida y lista para ser coloreada con la maravillosa paleta del maestro Spielberg.
Deberían repartir unas instrucciones antes de este tipo de películas:
Sólo así se puede ver y amar Indiana Jones y la Calavera de Cristal.
¡Y qué maravillosa tarde!
Indiana sorprende y triunfa. Elaborada con mimo y meticulosidad, con planos geniales, acción fabulosa, humor entrañable y un guión nada predecible.
¡Ah, qué cine! Indiana como siempre, Indiana como nunca. No se puede arriesgar más y ganar tanto. No sé qué me gusta más si lo que hay de nuevo, o el sabor a viejo.
Esta tarde he tenido 7 años en la butaca 12 de la sala 7.
Gracias señor Spielberg.
Lo que ha comenzado como una jornada de trabajo más ha acabado siendo un día de lo más entretenido. ¡Me encanta improvisar! y bueno, ahora no sé qué escribir... porque en estos momentos se están escrutando los votos de Eurovisión, y he adquirido como 3 cosas la mar de frikis e interesantes (dignas de una entrada monográfica cada una de ellas)... pero claro, todo eso tendrá que esperar porque hoy ha sido el día al fin, el momento del ansiado regreso.
Igual que espera un perro junto a la puerta de entrada cuando sabe que es la hora del regreso de su dueño esperaba yo sentada en la butaca a que el grandioso desfile de fotogramas estallase en mis retinas.
Al principio, un poco reticente pero a los treinta segundos ya había optado por renunciar a mis prejuicios y ver sin más de la película. Sin esperar, sin comparar, con la mente en blanco, recién exprimida y lista para ser coloreada con la maravillosa paleta del maestro Spielberg.
Deberían repartir unas instrucciones antes de este tipo de películas:
INSTRUCCIONES DE VISIONADO:
Por favor apague el móvil, vacíe su mente y disfrute de la película.
Por favor apague el móvil, vacíe su mente y disfrute de la película.
Sólo así se puede ver y amar Indiana Jones y la Calavera de Cristal.
¡Y qué maravillosa tarde!
Indiana sorprende y triunfa. Elaborada con mimo y meticulosidad, con planos geniales, acción fabulosa, humor entrañable y un guión nada predecible.
¡Ah, qué cine! Indiana como siempre, Indiana como nunca. No se puede arriesgar más y ganar tanto. No sé qué me gusta más si lo que hay de nuevo, o el sabor a viejo.
Esta tarde he tenido 7 años en la butaca 12 de la sala 7.
Gracias señor Spielberg.
domingo, 27 de abril de 2008
La Familia Savages
4/27/2008 | Publicado por
Ginger

En la familia Savages no pasa nada. La familia Savages ni siquiera es una familia. Son tres individuos mal encajados entre sí.
Lo que me gusta es, quizá (y precisamente), que no es un film narrativo sino estático. Es casi una obra pictórica. La "lentitud" y "pesadez" obedecen a la escrupulosidad un retrato detallista y minucioso en el que sólo se descubre lo estrictamente necesario sobre la historia de los personajes: un mal padre, unos hijos con una infancia dura y una madurez que defrauda. No hacen falta detalles.
Lo que me gusta es, quizá (y precisamente), que no es un film narrativo sino estático. Es casi una obra pictórica. La "lentitud" y "pesadez" obedecen a la escrupulosidad un retrato detallista y minucioso en el que sólo se descubre lo estrictamente necesario sobre la historia de los personajes: un mal padre, unos hijos con una infancia dura y una madurez que defrauda. No hacen falta detalles.
El resto es un precioso cuadro de sensibilidades. Un retrato maravilloso de unos hermanos que se dividen entre el el deber y el querer, entre el rencor y la compasión, la envidia y el amor. De un hombre que no tiene quien llore su muerte.
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Una película dura e intimista, de las que cuesta encontrar y hacer (bien). En este caso se consigue. Una de esas en las que te sorprendes cuando ves a otra persona entrar a la sala (en la mayoría de ocasiones cuando eso ocurre, la proyección suele estar acompañada de un profundo y -al menos- sincero ronquido).
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La Familia Savages no iba a ser menos. Ronquidos constantes como el aleteo de un colibrí, y una respiraciones profundas y pausadas de personas a las que ni siquiera vi entrar. Es posible que ya estuvieran durmiendo allí desde The Queen.
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Sobra, eso sí, el cortapega del final.
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