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sábado, 10 de mayo de 2008

postheadericon Cacahuetes


Le gustaba comer cacahuetes. Le gustaba pelarlos.


Sentir la cáscara ceder bajo la presión de sus dedos, el sonido del crujido sordo, encontrar el cacahuete dentro viendo la luz por primera vez. El cacahuete que la había estado esperando aún vestido, dentro de su cápsula. Quitar después la delgada película de piel, bastaba apenas con una caricia de sus puntiagudos dedos. El suave tacto del cacahuete.


Y el sabor estaba también bien. No es por desmerecer el sabor del cacahuete claro, pero los cacahuetes pelados no son lo mismo, ya saben. A ella lo que le gustaba de verdad era el ritual previo a la degustación, a la devoración. Le gustaba pensar que los cacahuetes estaban haciendo cosas justo antes de que ella entrara en sus casas rompiéndolo todo. Este cacahuete estaba escribiendo una carta, este cacahuete estaba pensando en el seguro de su coche, este cacahuete está buscando a su hermano desaparecido, este cacahuete está seduciendo al cacahuete que vive al lado, ¡si hasta encontraba cacahuetes desnudos!


Lo de menos era comerlos. Comer un cacahuete era para ella un mero trámite, algo que tenía que hacer antes de pelar otro cacahuete. Y el sabor estaba bien. Pelaba cacahuetes compulsivamente. Su postre de todos los días, su merienda, su aperitivo, su picoteo entre horas.


Lo que a ella le gustaba era pelar cacahuetes. Le gustaba de verdad. Aunque yo nunca la vi pelar cacahuetes para los demás.


Le gustaba la sensación de irrumpir de golpe en la vida del cacahuete. El cacahuete que nunca había visto el mundo, ni la luz, ni había escuchado un sonido, el cacahuete blanco y suave que vivía en su pequeña cápsula de cartón.


Si hubiera cabido, se habría metido ella misma con su amigo cacahuete.
jueves, 10 de enero de 2008

postheadericon Petite Blanche

La historia de Petite Blanche es la historia de una niña feliz.
Petite Blanche nació en un pueblecito de la costa del sur de Francia. A Petite Blanche le gusta caminar descalza y que la espuma de las olas le moje los dedos de los pies. Dice que le hacen cosquillas.
Lo único malo de correr descalza es la arena seca, porque se pega y hace parecer que lleva los pies muy sucios. Petite Blanche odia la suciedad, por eso siempre está cerca de la orilla, donde la arena está húmeda y no mancha y el agua está cerca por si acaso.
Es una niña muy limpia y ordenada y cuando llega a su casa clasifica las conchas según la forma y el tamaño. Pero no solo recoge conchas, también le gustan las piedras blancas y muy lisas porque son brillantes y suaves.

Los padres de Petite Blanche se preocuparon cuando cumplió nueve años, porque todos los niños de su clase eran más altos que ella. La pequeña Petite Blanche no crecía desde que cumplió cinco y sus padres la llevaron al médico:
-No se preocupen ustedes, -les dijo- lo que le ocurre a Petite Blanche es que su corazón sigue latiendo de la misma forma que lo hacía a los cinco años. Por eso no crecerá nunca, de Petite Blanche sólo puede cambiar el peinado, ella siempre será como la ven ahora.

Si Petite Blanche fuese un animal estoy segura de que sería un pez de colores. Y si fuese una canción sería ésta: