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jueves, 7 de agosto de 2008
And finally on last position...
8/07/2008 | Publicado por
Ginger
La meta está a la vuelta de la esquina y mañana a las 14.00 seré libre para disfrutar del verano (VE-RA-NO)
Llego un poco magullada y (para ser francos) con la lengua fuera y sin aliento. Pero llego.
Llego un poco magullada y (para ser francos) con la lengua fuera y sin aliento. Pero llego.
Participar es lo que cuenta ¿no?.... ¿no?
¡Me encanta el verano!
martes, 29 de julio de 2008
Las rubias siempre son felices
7/29/2008 | Publicado por
Ginger

Las rubias siempre son felices, con sus melenas doradas, algunas casi blancas.
Las rubias ríen a carcajadas o con medias sonrisas de fresa, tienen grandes las sonrisas y pequeño el corazón.
Las rubias que fuman en el coche lo hacen por aquella escena de esa peli de los setenta.
Me gusta verlas pasando muy cerca de los escaparates, mirando las olas que hace el viento en su pelo reflejado en el cristal.
Las rubias siempre son felices, y el sonido de sus risas sube en espiral, haciéndose cada vez más y más pequeño a medida que se aleja.
jueves, 10 de julio de 2008
Ninguno de nosotros está hecho para el frío
7/10/2008 | Publicado por
Ginger
Me mudé de Lorca a Murcia para poder tener una casa azul. Aún no he terminado la mudanza y me tengo que volver porque La Casa Azul estaba ayer en el lugar de origen de este relato.
La Casa Azul estaba en Lorca y yo estaba saliendo del trabajo a sesenta y cinco kilómetros de una explosión pop. Salí del trabajo pitando, hice que mi bolso estallase en el coche cuando buscaba las llaves de casa a toda prisa (aún llevo un par de pintalabios bajo los asientos), rompí la barrera del sonido al atarme las deportivas y me embarqué en un maravilloso viaje de sinergias: Zurdo, Zelig, Pato y Yo (faltaron Pupé y Pitisú).
Llegamos tarde, muy tarde. Llegamos tan tarde que no había ya nadie. Seguramente lo habían suspendido y no llegamos a tiempo ni de enterarnos. Pero como oficialmente no lo sabíamos, nos quedamos a esperar, esperanzados. A esperar aunque fuese un comunicado oficial sobre la suspensión, una señal, una orden de alejamiento, algo. Parapapaaaa. Pronto desesperamos, pero nos quedamos a esperar. Permanecimos.
Tarde o temprano el Sr. Milkyway tendría que ir a recoger su maravillosa guitarra azul. Tarde o temprano aparecería. Parapapaaaaa. Cincuenta minutos después yo estaba ya en muy mal estado. Estaba, pero muy mal.
-¿Cómo? ¿a las 21.30? No, no, no... el concierto empieza a las 22.30.
Otra vez esperanza... y pronto comenzaron a llegar personas provistas de chapas y flequillos extralargos y muy poblados (¡cuánto pelo y qué extraliso!)
Las canciones de La Casa Azul son las únicas en las que no sólo canto la letra, sino también los coros y la música. Yeyeshubidubi yeye.
Y aunque Guille llevaba gorra y no pudimos ver su precioso cráneo perfecto, todo fue genial. Shubidubi shubidubi yeye yeye.
Un poco de magia en miércoles, como gotas de lluvia. Y Hoy todo era mejor que ayer. Ojalá tuviese una guitarra azul como la suya. Seguro que todo se ve más azul cuando la tocas.
Me volví con una sonrisa y una dedicatoria de Guillem de cuatro palabras:
"Ginger, preciosa, ¡amor y pop!"
La Casa Azul estaba en Lorca y yo estaba saliendo del trabajo a sesenta y cinco kilómetros de una explosión pop. Salí del trabajo pitando, hice que mi bolso estallase en el coche cuando buscaba las llaves de casa a toda prisa (aún llevo un par de pintalabios bajo los asientos), rompí la barrera del sonido al atarme las deportivas y me embarqué en un maravilloso viaje de sinergias: Zurdo, Zelig, Pato y Yo (faltaron Pupé y Pitisú).
Llegamos tarde, muy tarde. Llegamos tan tarde que no había ya nadie. Seguramente lo habían suspendido y no llegamos a tiempo ni de enterarnos. Pero como oficialmente no lo sabíamos, nos quedamos a esperar, esperanzados. A esperar aunque fuese un comunicado oficial sobre la suspensión, una señal, una orden de alejamiento, algo. Parapapaaaa. Pronto desesperamos, pero nos quedamos a esperar. Permanecimos.
Tarde o temprano el Sr. Milkyway tendría que ir a recoger su maravillosa guitarra azul. Tarde o temprano aparecería. Parapapaaaaa. Cincuenta minutos después yo estaba ya en muy mal estado. Estaba, pero muy mal.
-¿Cómo? ¿a las 21.30? No, no, no... el concierto empieza a las 22.30.
Otra vez esperanza... y pronto comenzaron a llegar personas provistas de chapas y flequillos extralargos y muy poblados (¡cuánto pelo y qué extraliso!)
¡y qué bonitos son los chicos pop! con sus camisetas de colores y sus relojes swatch!
Y de repente ¡POP!Las canciones de La Casa Azul son las únicas en las que no sólo canto la letra, sino también los coros y la música. Yeyeshubidubi yeye.
Y aunque Guille llevaba gorra y no pudimos ver su precioso cráneo perfecto, todo fue genial. Shubidubi shubidubi yeye yeye.
Un poco de magia en miércoles, como gotas de lluvia. Y Hoy todo era mejor que ayer. Ojalá tuviese una guitarra azul como la suya. Seguro que todo se ve más azul cuando la tocas.
Me gusta el azul, aunque yo no estoy hecha para el frío.
Me volví con una sonrisa y una dedicatoria de Guillem de cuatro palabras:
"Ginger, preciosa, ¡amor y pop!"
miércoles, 18 de junio de 2008
No gracias
6/18/2008 | Publicado por
Ginger
Las decisiones me agobian, me superan. Decidir el postre me desborda.
Mi primera gran decisión fue elegir un Bachillerato. Las ciencias se me daban mal, pero tenían más salidas. Las letras puras eran un rollo y Ciencias Sociales ... Ciencias Sociales eso.
-Pues haz Ciencias de la Salud -me dijo mi papi. Mi papi, que tanto se preocupa por su hijita-
Que alivio no tener que decidir. No tener que arrepentirte de una mala elección.
Terminé Bachillerato de Ciencias de la Salud harta, desquiciada y muerta del asco.
Y no tenía de qué arrepentirme, porque habiamos decidido que era la mejor opción (y los dos no íbamos a estar equivocados). Terminé Bachillerato y con el se acabaron mis ganas de estudiar.
Pero mi papi me dijo: "Hijitaaaa... estudia una carreraaa..." -¡mi papi...!-
-¿Magisterio papi?
-Mejor Derecho ¿no?
Y la verdad es que sí, mejor Derecho.
Toda una vida de decisiones asistidas, una reconfortante sensación de conducción perfecta y segura. Llega un momento en que no sabes muy bien si en esta simbiosis eres tú el que lleva al coche o es la máquina la que te proporciona la ilusión de control.
Pero ¿y qué más da? Yo cuando conduzco no pienso en esas mamarrachadas. Cuando conduces no piensas. Conduces.
Y ahora, que mi papi querido me dice: "cambiemos tu coche, ¿te gusta el clase c coupé?"
Voy yo, YO, y en un arrebato histórico, le suelto: "NO. Es demasiado coche para mi, mejor un golf".
Sobretodo se trataba de una jugada estudiada, de un desmarque del cliché.
-¿Un cliché?
-No gracias.
Así soy yo, fresca.
Y ahora, AHORA, van y sacan ESTE pedazo de anuncio, el clasicazo a la cuarta potencia:
No son listos ni ná.
Volkswagen debió pasar por un arrebato como el mío:
-¡Eh, eh! Señor D. Von Volkswagen contrate usted a los publicistas de Freixenet y haga un anuncio como Dios manda.
-No. Estoy harto de clichés. Mejor contrato a los publicistas de Leche Pascual, que me van a hacer un anuncio la mar de original.
Y ahora tienen un anuncio en plan "ahorrar es esto y con Carrefour es posible"
Y toda una vida por delante para lamentarlo. Como yo. Todo por un mundo sin clichés.
Porque los clichés son odiosos ¿no? ¿no?
Mi primera gran decisión fue elegir un Bachillerato. Las ciencias se me daban mal, pero tenían más salidas. Las letras puras eran un rollo y Ciencias Sociales ... Ciencias Sociales eso.
-Pues haz Ciencias de la Salud -me dijo mi papi. Mi papi, que tanto se preocupa por su hijita-
Que alivio no tener que decidir. No tener que arrepentirte de una mala elección.
Terminé Bachillerato de Ciencias de la Salud harta, desquiciada y muerta del asco.
Y no tenía de qué arrepentirme, porque habiamos decidido que era la mejor opción (y los dos no íbamos a estar equivocados). Terminé Bachillerato y con el se acabaron mis ganas de estudiar.
Pero mi papi me dijo: "Hijitaaaa... estudia una carreraaa..." -¡mi papi...!-
-¿Magisterio papi?
-Mejor Derecho ¿no?
Y la verdad es que sí, mejor Derecho.
Toda una vida de decisiones asistidas, una reconfortante sensación de conducción perfecta y segura. Llega un momento en que no sabes muy bien si en esta simbiosis eres tú el que lleva al coche o es la máquina la que te proporciona la ilusión de control.
Pero ¿y qué más da? Yo cuando conduzco no pienso en esas mamarrachadas. Cuando conduces no piensas. Conduces.
Y ahora, que mi papi querido me dice: "cambiemos tu coche, ¿te gusta el clase c coupé?"
Voy yo, YO, y en un arrebato histórico, le suelto: "NO. Es demasiado coche para mi, mejor un golf".
Sobretodo se trataba de una jugada estudiada, de un desmarque del cliché.
-¿Un cliché?
-No gracias.
Así soy yo, fresca.
Y ahora, AHORA, van y sacan ESTE pedazo de anuncio, el clasicazo a la cuarta potencia:
No son listos ni ná.
Volkswagen debió pasar por un arrebato como el mío:
-¡Eh, eh! Señor D. Von Volkswagen contrate usted a los publicistas de Freixenet y haga un anuncio como Dios manda.
-No. Estoy harto de clichés. Mejor contrato a los publicistas de Leche Pascual, que me van a hacer un anuncio la mar de original.
Y ahora tienen un anuncio en plan "ahorrar es esto y con Carrefour es posible"
Y toda una vida por delante para lamentarlo. Como yo. Todo por un mundo sin clichés.
Porque los clichés son odiosos ¿no? ¿no?
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